No importa cuántas personas se encuentren en la sala, cada una de ellas observará la obra de una manera determinada, obteniendo su propia percepción.
Y en ese preludio de expectación, en el que la ignorancia te impide saber como continuará, imaginan un fatuo final.
El telón difícilmente consigue cerrar, y para cuando al fin lo puede lograr, ya no hay nadie en aquel lugar. Las butacas están vacías, las luces apagadas, y el bullicio de segundos atrás ha desaparecido por completo.
Cabe pensar que decidieron vivir la vida real.
Cabe pensar que decidieron vivir la vida real.
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