viernes, 31 de agosto de 2012

Cuentos a medias.


Traga luz.
Inunda la oscuridad.
El silencio es ahora el que habla, la voz la que está de más.
Los lienzos son desnudos y el arte, una vida inacabada.
Los niños fingen ser adultos. Los adultos fingen sensatez. Y los ancianos, no arrepentirse de nada.
Gira el ciclo de creación. El crecimiento se detiene a la mitad, y la mentalidad se niega a avanzar.
Los pájaros no cantan. Cautos ladrones robaron las voces de la ciudad, y ahora cuentan las historias de quienes no fueron capaces de hablar.
Los chismosos van predicando la verdad absoluta.
Y dicen que los miedosos se llenaron de valor. Que de los que más valor fardaban, acabaron por cavar trincheras.
Gritos mudos en idioma extranjero.
Letras juntas en sopas de letras.
La nada lo dice todo, y decirlo todo es no decir nada.
Aquel chico en un rincón ha vuelto a esconderse del mal.
Su familia lo busca, él tiende a desaparecer.
Formula un conjuro, de aquellos de antaño que juraron ser verdad.
Pero envuelto en rabia maldice al mundo, iluso como ninguno, pues le han vuelto a engañar.
Es el juego del escondite que siempre sabe cuando comenzar, pero no ve la hora de irse a casa.
Las cuerdas tiemblan.
Los violines se quejan de ser manipulados por manos magulladas. Por ojos que respiran la melodía del horror y fingen sonrisa en sus caras.
Los cristales han dejado de buscar cinta adhesiva.
Los ingenieros gozan de todo menos ingenio.
Y las brujas han cambiado sus gatos negros por un perro que les prometa lealtad.
Las mentiras son verdades, y las verdades, verdades a medias.
El siempre se torna casi, y el casi, jamás.
La cara es cruz, y la cruz un intento fallido.
Las leyendas comienzan sus habladurías. Dicen que el mar es salado por cada una de las lágrimas derramadas por los dioses, haciendo el trabajo sucio de los humanos en tierra muerta.
Dicen que Dios no existe y entonces un niño ríe.
Las risas se vuelven la mayor mentira de la humanidad.
Y la hipocresía, la única demostración de ser humano.
Los corazones no son órganos de vida, sino relojes cuyas manecillas realizan un llamamiento a la muerte.
Y es la muerte quien más viva está.
El dinero son papeles de colores a medio pintar.
Y los números, sumas inacabadas de los inteligentes que no supieron contar.  
“Y entonces se hizo la luz”.
Aturdidos, se mantuvieron a la escucha.
No supieron decir qué historia sonaba más real.
Y ahora, “¿quién decía miedo?”

No hay comentarios:

Publicar un comentario