Traga luz.
Inunda la oscuridad.
El silencio es ahora
el que habla, la voz la que está de más.
Los lienzos son
desnudos y el arte, una vida inacabada.
Los niños fingen ser
adultos. Los adultos fingen sensatez. Y los ancianos, no arrepentirse de nada.
Gira el ciclo de
creación. El crecimiento se detiene a la mitad, y la mentalidad se niega a avanzar.
Los pájaros no cantan.
Cautos ladrones robaron las voces de la ciudad, y ahora cuentan las historias
de quienes no fueron capaces de hablar.
Los chismosos van
predicando la verdad absoluta.
Y dicen que los
miedosos se llenaron de valor. Que de los que más valor fardaban, acabaron por
cavar trincheras.
Gritos mudos en idioma
extranjero.
Letras juntas en sopas
de letras.
La nada lo dice todo,
y decirlo todo es no decir nada.
Aquel chico en un rincón
ha vuelto a esconderse del mal.
Su familia lo busca, él
tiende a desaparecer.
Formula un conjuro, de
aquellos de antaño que juraron ser verdad.
Pero envuelto en rabia
maldice al mundo, iluso como ninguno, pues le han vuelto a engañar.
Es el juego del
escondite que siempre sabe cuando comenzar, pero no ve la hora de irse a casa.
Las cuerdas tiemblan.
Los violines se quejan
de ser manipulados por manos magulladas. Por ojos que respiran la melodía del
horror y fingen sonrisa en sus caras.
Los cristales han
dejado de buscar cinta adhesiva.
Los ingenieros gozan
de todo menos ingenio.
Y las brujas han
cambiado sus gatos negros por un perro que les prometa lealtad.
Las mentiras son
verdades, y las verdades, verdades a medias.
El siempre se torna
casi, y el casi, jamás.
La cara es cruz, y la
cruz un intento fallido.
Las leyendas comienzan
sus habladurías. Dicen que el mar es salado por cada una de las lágrimas
derramadas por los dioses, haciendo el trabajo sucio de los humanos en tierra
muerta.
Dicen que Dios no
existe y entonces un niño ríe.
Las risas se vuelven
la mayor mentira de la humanidad.
Y la hipocresía, la única
demostración de ser humano.
Los corazones no son
órganos de vida, sino relojes cuyas manecillas realizan un llamamiento a la
muerte.
Y es la muerte quien más
viva está.
El dinero son papeles
de colores a medio pintar.
Y los números, sumas
inacabadas de los inteligentes que no supieron contar.
“Y entonces se hizo la
luz”.
Aturdidos, se mantuvieron
a la escucha.
No supieron decir qué
historia sonaba más real.
Y ahora, “¿quién decía
miedo?”
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